domingo, 10 de febrero de 2013

Sé que sin él no soy nada.

Tengo ganas de abrazarte desde que me levanto hasta que me acuesto, de besarte y decirte que eres el hombre de mi vida. Que me da igual lo que los demás digan o crean sobre nosotros, si les parece bien o les parece mal, si les gusta o especulan sobre nosotros, me da igual, porque te quiero. 
Sé que no eres perfecto, que yo tampoco lo soy, pero sé que eres todo lo que me falta y a tu lado me siento completa. Sé que contigo soy libre, que no tengo que cuidar lo que digo y que puedo bromear y jugar contigo, porque me entiendes. Que pase lo que pase estarás para mí, igual que yo estaré para ti. Que siempre podré contar contigo.
Tengo tantos recuerdos contigo y me has hecho tan feliz en este tiempo que, después de todo, las cosas malas me dan igual, porque sé que muchas veces actúas pensando en mi propio bien, aunque a veces me disguste. Sé que intentas hacerme feliz, y que me amas, igual que yo a ti, que nunca dejarás de quererme, que me has cambiado la vida. Mi forma de ver las cosas ya no es igual, me siento más feliz, más abierta al mundo, y es gracias a ti.
Tú has llenado el vacío que tenía en el corazón, y con ello he vuelto a soñar. Lo único que quiero, que necesito para ser feliz en esta vida, es estar contigo. Formar una familia juntos, casarnos, viajar, hacer deporte juntos, jugar a videojuegos, guerras de almohadas, dormir abrazándote cada noche y despertarte con un "te amo" a la mañana siguiente.
Que nunca había sentido algo tan fuerte por nadie, y por éso sé que es para siempre.
Te amo, Adrián. Y siempre lo haré, te lo prometo.  

sábado, 12 de enero de 2013

Pensando.

He estado pensando... otra vez. Si supieras en todo lo que pienso seguramente te asustarías, me meterías en un psiquiátrico o te apartarías de mí. Tal vez por éso los pensamientos no puede oírlos nadie más. Porque si no todos seríamos tomados por enfermos...
He pensado que... crecer es perder tu libertad. Vivimos en un mundo en que es así. Es aprender que hay que olvidar lo que llena el corazón para hacer caso a lo que dicta la cabeza. Decir adiós a todo...
A no poder jugar todo el día porque tienes que aprender la mayor parte de él. A que te importe más lo que piensan de ti que tu propia imagen de ti misma. Darte cuenta de que muchas cosas que creías que funcionaban no lo hacen, y probar el amargo sabor del tener que cambiarlas. Aprender a llorar por las heridas de dentro y dejar de hacerlo por las de fuera. Tapar tu alma, para que su desnudez no hiera a nadie. Moderar lo que dices, para que nadie pueda echarte nada en cara. Dejar de comer lo que te gusta, porque no es sano. Perder el apetito cuando te deprimes. Perder mucho de lo que te hacía ser feliz. Y se preguntan por qué crecer es difícil... es darse cuenta de que la vida era mentira, de que nada era real. De que no estás preparada para el mundo y te han tirado de cabeza a él. Es... olvidar quién eras y convertirte en otra persona. Porque si no, eres un inmaduro.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Adrián.

Párate un momento a pensar en él. Él no es perfecto, y tú tampoco. Te hará enfadar muchas veces, te decepcionará otras tantas, pero te hará feliz muchas más. Siempre intentará cuidar de ti y hacerte sonreír, tratarte bien y ser cariñoso contigo, y cuando te sientas mal tratará de animarte lo mejor que sepa. Siempre que necesites un abrazo, él estará para dártelo, porque te quiere. Sabes que no necesitas nada más para ser feliz, oír su voz y sentirle cerca de ti, derretirte por dentro cada vez que te dice al oído que te quiere, que eres preciosa, y que nunca dejará de quererte porque eres lo más importante en su vida. En el fondo te gusta enfadarte con él, porque sabes que después te hará mimos y caricias para compensarte. Sientes que sin él no estás completa, que te falta lo más importante.
Y es que éso es querer a alguien. Sentir que es la parte de ti sin la que no podrías vivir, sin la que no quieres estar. Que es todo lo que te hace levantarte cada mañana, lo que te hace sonreír, lo que te hace sentir que el día será perfecto si vas a verle. Tal vez no sea perfecto, pero si ha conseguido que le quieras, es mejor que muchos otros. Y es parte de ti, la parte que nunca te abandonará.

sábado, 8 de diciembre de 2012

(-A-)

Odio profundamente todo ésto.
Vivo en un mundo en que no se permiten errores ni se conceden segundas oportunidades, la vida es un simple trámite, monotonía y rutina para un sistema cansado.
Tu deber siempre será hacer las cosas bien a la primera, pues si te equivocas podrán restregarte ese error hasta el fin de los tiempos.
Teóricamente tienes derecho a poder divertirte y tener tiempo libre, pero te faltan horas del día para ponerlo en práctica. No tienes tiempo para estar con quien realmente te importa, pues siempre tendrás obligaciones que cumplir antes de tener ningún tipo de derecho.
También se supone que puedes quejarte y cambiar aquello que no te gusta, pero no es así. Y si alguien dice lo contrario, sólo tiene que salir a la calle. Cualquier intento pacífico de cambio es reprimido por la fuerza, y no somos nunca escuchados. Se empeñan en taparle la boca a quienes dicen verdades, porque la verdad es la mayor enemiga de un Gobierno corrupto. ¿Si es un derecho la libre expresión y el poder cambiar aquello que no me gusta, por qué no podemos hacerlo? Porque no nos dejan.
La gente se rinde a estas evidencias, se cansaron de luchar y ahora simplemente prefieren dejar que les dominen. No les importa el futuro, tampoco el pasado, solamente el día a día.
Es algo triste, pero aún funcionamos con aquello del "pan y circo". Mientras todos tengan el buche lleno nadie saldrá a la calle a protestar, aunque se cometan injusticias.
Y ésa es otra, a nadie le importa muchas veces lo que le ocurre a su vecino, no lucha por su bien. Sin embargo, no comprenden por qué a su vez cuando la injusticia les toca a ellos nadie les ayuda. Somos egoístas...
Adultos a los que nada les interesa porque sólo están esperando a que se les pase la vida. Jóvenes a los que tampoco les interesa nada porque "acaban de empezar a vivir" y ya tendrán tiempo para esas cosas. 
Siento decir que yo no lo veo así. Las injusticias deben corregirse siempre, da igual la edad, el sexo, el país, y deben ser igual de importantes las tuyas como las ajenas, ya que todos odiamos cuando nos tocan.
Ah... maldita sociedad ésta, tan vacía, tan frágil, tan muerta... Son zombies. Somos pocos los que nos preocupamos y sufrimos, recalco, sufrimos por este tipo de cosas. Me importa mi futuro y el de todos los demás, y es triste que muchos de mi generación prefieran drogarse o beber antes que hablar de política. Ésto es el futuro... algún día volveremos a ser una masa de idiotas controlados por una minoría corrupta y astuta. Mientras tanto, seguimos esperando a que esa masa sin escrúpulos abra los ojos y se unan a la lucha. 
Cuando una persona lucha, es ignorada. Cuando muchas personas luchan, son una amenaza.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Otro día de reflexión.

La verdad es... que la vida, es un asco. No tiene sentido, no tiene un fin determinado, no puede repetirse para aprender de tus errores de forma absoluta... es.. ¿incompleta?
Tampoco importa demasiado cómo sea, dentro de unos años nadie se acordará de ninguno de nosotros. Es triste.. pero el olvido nos termina absorbiendo a todos.
Libertad ha caído presa de Codicia, y no tiene pinta de que vaya a dejarla marchar... El buen samaritano hoy en día es un bicho raro, ya nadie hace las cosas sin esperar nada a cambio, y aunque lo reciban, falla el interés. El mundo está lleno de cuerpos vacíos, cabezas desiertas y corazones desolados. Pero es lo normal.
Nadie se para a pensar hoy día en que ésto se acaba, en que no duraremos para siempre, en que algún día el Adiós nos asaltará en mitad del camino y nos impedirá continuar. Tal vez sea una persona rara... pero a mí sí me preocupa. ¿Qué soy? ¿Para qué lo soy? Si dentro de algunos años mi paso por este mundo será insignificante, un simple cadáver más pudriéndose en un cementerio como tantísimos otros antes que yo. ¿Quién me recordará cuando mis seres queridos también hayan muerto? A fin de cuentas, sólo somos inmortales en la memoria, y nos abandona a la par que nuestra alma.
La mayoría de ellos prefieren pensar en sacarles a sus padres un iPhone, en que están muy gordos o que su cuerpo tiene mil defectos, prefieren meterse cogollos en los pulmones a sentimientos en el corazón, y tantísimos ejemplos más... que me dan el mismo asco.
Me siento incomprendida en un mundo frío, siento que me quedan pocos motivos para permanecer en él... y esos motivos son las personas que son como yo. Sé que ellos también se sienten así, desolados, solos, apáticos. Sé que ellos también odian este mundo. A veces creo que no hemos nacido en la época que nos tocaba...
Nadie nos pregunta a lo largo de nuestra vida qué sentimos, qué deseamos, qué nos importa, qué nos define. Nos enseñan el método lacónico: no digas qué sientes, es de débiles; no llores, es de cobardes; no dejes que te pisen, písales tú, y cuanto más les duela mejor hecho está.
Creo que todavía nos queda tanto por cambiar... que cuando empecemos a vernos como iguales y no como objetos o medios podremos empezar a avanzar. Cuando dejemos de guiarnos por una sola cultura, por un sólo país y empecemos a vernos como habitantes de las mismas fronteras, la Tierra, que tienen todo un mundo por compartir y no por conquistar, empezaremos a avanzar. Cuando entendamos que el resto de seres no tienen que pagar nuestros errores o caprichos, entenderemos el valor de la vida. Y cuando entendamos todo ésto, sabremos respetarnos y querernos. ¿Qué problemas habría? Llamadme soñadora... me da igual. Meteos con mis utopías todo lo que queráis: al fin y al cabo, dentro de unos años nadie las recordará. Ni a vosotros. Ni a mí.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Nada ni nadie.

Dejemos que pase el tiempo, y que al pasar se nos trague el silencio... Dejemos que crean que seguimos luchando, cuando nos rendimos hace demasiado tiempo. Dejemos que olviden quiénes somos, quiénes fuimos, qué seríamos. Dejemos que la oscuridad nos oculte; una noche más, llévanos.
Dejemos que las heridas escuezan, sólo así se curan. Dejemos que cada día suceda de forma monótona, sin intentar cambiarlo, porque no hay nada dentro que nos dé fuerzas para hacerlo. Dejemos caer nuestras lágrimas, un día más, y dejemos que nuestra mente sofoque el fuego que la asola en estas páginas. Dejemos que ese fuego helado nos consuma... y nos quite lo poco que nos queda dentro.
Dejemos que la libertad se ría de nosotros desde el horizonte. Ella se fue, es libre, y nosotros no. 
Dejemos...
Dejemos que se apague nuestra voz, que el silencio la ahogue en un último intento de expresar nuestra desolación. Dejemos que muera, poco a poco, que ese deseo tenue de hablar no se cumpla. Dejemos que la indiferencia nos pueda.
Dejemos que el alba se lleve con ella la esperanza, que nos recuerde que va un día tras otro, y otro, y siempre será lo mismo. 
Dejemos de soñar y despertemos, porque la vida se acaba. Dejemos de tener esa ilusión por levantarse de la cama, porque nos encontraremos que hubiera sido mejor haber pasado el día en ella. Dejemos de pensar que el calor de otra persona derretirá nuestro corazón helado, nuestro invierno interno, porque volverá.
Dejemos de creer que podemos cambiarlo todo, porque no nos dejarán hacerlo. Dejemos de creer que todo serán buenos ratos, es la mayor mentira de todas.
Dejemos que ese nudo en la garganta se haga más fuerte que nosotros, que esa canción melancólica nos arrastre a otro lugar, donde poder llorar a solas.
Dejemos... dejemos que vuelva la noche, que llega rápido, para sentir que no hacemos nada con nuestras vidas. Que somos simplemente robots, manejados por nuestras obligaciones. Dejemos que ellas nos dominen, nos obliguen. Nadie las quiere, pero todo el mundo las cumple.
Dejemos que una mirada vacía hable por nosotros, que una sonrisa fingida y que una mentira nos protejan. Dejemos que nadie descubra que estamos muertos por dentro. 
Dejemos de fingir delante del espejo, no podemos mentirnos a nosotros mismos. Dejemos de desear ser otra persona. Dejemos de creernos menos que otras personas. Dejemos de sentirnos grandes, porque somos seres pequeños rodeados de más seres pequeños.
Dejemos que esa sensación de agradable amargura nos invada cuando sentimos rodar una lágrima por nuestra mejilla.
No dejemos que el resto del mundo pueda herirnos.
Dejemos pasar los días, sin ganas de nada. Dejemos que pregunten, hablen, mientan. Todo eso desaparece, si dejamos que desaparezca.

jueves, 4 de octubre de 2012

Desolación.

Siento de nuevo ese frío odioso dentro, muy dentro, y no se quiere ir. Lleva ya unos días atormentándome, y no tengo ganas de nada. No hago más que pensar siempre lo peor y deprimirme sin motivo. A veces me doy miedo a mí misma... o mejor dicho, me da miedo lo que pienso. Temo que se haga real.
Temo despertarme un día y que tú ya no quieras estar conmigo, que encuentres a otra mejor que yo y te olvides de mí. 
Temo cansarte con mis tonterías, mis despistes o mis fallos, que sé que no te gustan y que suelo tenerlos a menudo.
Temo perderte, y por ello, porque soy idiota, hago más tonterías de las que te molestan. Sé que después te pido perdón, te lo explico y me entiendes pero en mi cabeza siguen rondando las odiosas palabras que formulan la pregunta que no sé si quiero escuchar respondida: ¿cuándo te cansarás de mí?
Es cierto que la verdad duele... llorar de rabia y de dolor cada vez que pienso que, aunque me prometas que no pasarán, estas cosas son una posibilidad es mi pan de cada día. Que ya no sé ni quiero vivir sin ti...
Y éso no es lo único que me hace daño, aunque sí lo que más me destroza. También me joden mis padres, que por más que pase el tiempo sigo odiando igual a ese cabrón y deseando perder de vista a esa pesada que tengo por madre. Parece que sólo se acuerdan de mí para echarme cosas en cara o criticarme, y me cansa ya.
La gente también me desespera, cada día más. Necesito... necesito romper con todo esto. Perder de vista a los mismos imbéciles de siempre y a las mismas perras, pasar de todo.
Recuperar esa calidez que me daba la indiferencia. A veces sigo echando de menos eso de no poder sentir nada. Que nada te bloquea el camino, porque no sigues ninguno. Sentir que ya se te murió algo dentro hace mucho tiempo...
Y ésto en sí también es una jodienda. Tener que parar de escribir para poder aguantarte las lágrimas... Tela. Porque tampoco puedes llorar.
¿Qué me queda? Si por muy feliz que sea estas épocas de apatía y desmoronamiento sentimental siguen apareciendo, no se van. Si por muy lejos que llegue siempre habrá algo que intente hacerme dar un paso atrás. Si siempre tendré de qué arrepentirme, por qué llorar, por qué sufrir.

Nunca me quise demasiado, también creo que ése es el problema. Me tenía tan poco aprecio que bastaba algo de cariño para hacerme confiar y crearme ilusiones, peor a base de decepciones y malos tragos aquello cambió. Me volví desconfiada, fría, apática. En general, no quería ni dar ni recibir. Y lo triste es que, de todas las personas a las que he odiado, sin duda a la que peor he tratado y a la que más he juzgado es a mí misma. Fui mi propio enemigo, acostumbrada a que lo fueran también los demás. Intenté hacerme a vivir en soledad y no pude, éso tampoco me hacía feliz. Estuve un tiempo sin buscar soluciones, limitándome a vivir y dejar vivir, y la luz fue apareciendo sola, pero aun así... hay veces que la pierdo.
Odio sentirme comprendida sólo por mí misma, no poder ni querer hablar de ésto con casi nadie, porque no lo entenderían. ¿Padres? Creen que tus problemas sólo son solucionables por un psicólogo, para qué escucharte o entenderte, la situación les queda grande, y por supuesto ellos nunca son el problema. ¿Amigos? Se limitarán a escucharte, pero mayormente no entenderán nada. Intentarán hacerte sentir mejor, pero conmigo no funciona. La única forma de arreglarme es sentirme comprendida, no juzgada, y de forma automática y subconsciente suelen hacer esto segundo. Además, recuerda que tan fácil como vienen, se van. Algunos de la peor de las maneras. Prefiero coger en brazos a mi hurón y que éste me lama las lágrimas, me es más reconfortante. Él si que no puede juzgarme. 
Y poco a poco todas estas emociones nefastas me matan por dentro. No tengo ganas de hacer nada, excepto de llorar toda la tarde a solas sin motivo, supongo que simplemente lo necesito. Necesito sentirme sola ahora mismo, no quiero estar con nadie. 
Disfrutar sin ningún observador la sensación de humedad en las mejillas mientras las lágrimas hacen que vea borroso.
Después de todo, ¿quién no necesita un descanso mental alguna vez?